Por qué la casa se vuelve húmeda en otoño
Llega octubre y la casa cambia de carácter. Las toallas no acaban de secarse, los cristales amanecen empañados, el armario de la pared exterior huele a cerrado. No ha entrado agua por ningún sitio: lo que ha cambiado es la temperatura de tus paredes y la cantidad de aire que renuevas.
Qué cambia realmente cuando llega el otoño
Tres cosas ocurren a la vez, y las tres empujan en la misma dirección.
Primero, las superficies se enfrían. Fachadas, cristales y esquinas exteriores bajan de temperatura, y el agua del aire condensa allí donde encuentra frío. Segundo, dejas de ventilar: se acabó la ventana abierta todo el día porque ya no apetece. Tercero, la vida se mete dentro. La ropa se tiende en casa, se cocina más, las duchas son más largas y calientes, y las ventanas están cerradas mientras tanto.
Una casa habitada genera del orden de varios litros de agua al día entre respiración, cocina, duchas y ropa tendida. En verano se van solos por las ventanas abiertas; en otoño se quedan.
El aire frío de fuera está más seco de lo que parece
Aquí está la parte que casi nadie se cree: el aire de un día de otoño gris, a 8 °C y 95 % de humedad relativa, contiene menos agua que el aire de tu salón a 21 °C y 55 %. Menos agua de verdad, en gramos por metro cúbico.
El motivo es que el porcentaje solo compara con la capacidad del aire a su propia temperatura, y el aire frío tiene una capacidad muy pequeña. Al entrar en casa y calentarse hasta los 21 °C, ese mismo aire pasa a marcar una humedad relativa baja y se convierte en un secante estupendo. Toda la lógica está en humedad relativa frente a humedad absoluta.
Corolario incómodo para las creencias populares: con lluvia también se ventila. El aire de lluvia no está más cargado de agua que el de tu casa; simplemente está saturado a una temperatura baja. Mientras no metas la lluvia dentro, ventilar te seca.
Las paredes frías son el punto débil
El aire de una habitación puede estar perfectamente bien y aun así tener un problema localizado. Basta con que exista una superficie más fría que el punto de rocío del aire que la toca: ahí se deposita el agua. Es la mecánica que explico en el punto de rocío.
Los sospechosos habituales en otoño:
- Esquinas de habitaciones que dan a dos fachadas.
- El trozo de pared detrás de un armario o un sofá pegado al muro exterior.
- Los marcos y cristales, que son lo más frío de la habitación: condensación en las ventanas.
- Habitaciones que no se calientan nunca y tienen la puerta cerrada.
Separa los muebles unos centímetros de las paredes exteriores, no cierres del todo las habitaciones frías y evita calentar a base de apagones y arreones: una temperatura estable y moderada da menos condensación que un radiador a tope dos horas al día.
Una rutina de otoño que funciona
- Dos o tres golpes de ventilación al día: ventanas de par en par, unos minutos, mejor con corriente. Es rápido y no enfría la estructura.
- Después de cada ducha y de cocinar, ventila esa estancia y cierra su puerta para que el vapor no viaje al resto de la casa.
- Si tiendes dentro, hazlo en una sola habitación, con la puerta cerrada y la ventana entreabierta o un deshumidificador. Los detalles, en secar la ropa dentro sin moho.
- Ventila justo antes de acostarte y nada más levantarte: son los dos momentos con más agua acumulada en la casa.
Un higrómetro barato ayuda más de lo que parece: si el interior se mantiene en torno al 40-60 % de humedad relativa, vas bien. Por encima del 60 % de forma sostenida, hay que ventilar más o generar menos vapor.
Cuando el problema no es la ventilación
Si la humedad sube por la parte baja de un muro, aparecen sales blancas o hay una mancha que crece siempre en el mismo punto aunque ventiles a conciencia, probablemente no estés ante condensación sino ante una filtración o humedad por capilaridad. Ahí ninguna rutina de ventanas lo arregla; toca revisar el edificio.
Deja que la app vigile por ti
Adivinar si el aire de fuera secará o mojará tu casa a ojo es imposible en otoño. Open/Shut compara el agua real del aire dentro y fuera y te dice cuándo esos minutos de ventana abierta van a secarte la casa de verdad.