Humedad relativa vs absoluta: cuál importa en casa
Casi todo el mundo decide si ventila mirando un porcentaje. Ese porcentaje, la humedad relativa, es probablemente el número peor entendido del parte meteorológico: sube y baja aunque el agua del aire no cambie ni un gramo. Si quieres saber si el aire de fuera secará tu casa o la mojará, necesitas el otro número.
Qué mide cada uno de los dos números
La humedad absoluta es el dato físico: cuántos gramos de agua hay en cada metro cúbico de aire (g/m³). Es una cantidad real, como los litros de una garrafa. Si no entra ni sale agua, no cambia.
La humedad relativa es un porcentaje de llenado: cuánta agua lleva el aire comparada con la máxima que podría llevar a esa temperatura. Es el nivel de la garrafa expresado en porcentaje, con el detalle incómodo de que la garrafa cambia de tamaño con la temperatura.
Por eso el mismo aire, sin ganar ni perder una gota, marca 90 % en la calle a primera hora y 45 % cuando entra en tu salón y se calienta. No se ha secado nada: solo ha crecido el recipiente.
El aire caliente es una esponja mucho más grande
La capacidad del aire para retener vapor crece muy deprisa con la temperatura: aproximadamente se duplica cada 10 °C. Esa curva es toda la clave del malentendido.
Un aire a 30 °C con un modesto 40 % está usando el 40 % de una capacidad enorme. Un aire a 15 °C con un agobiante 90 % está usando casi toda una capacidad pequeña. Adivina cuál lleva más agua.
| Aire | Temperatura | Humedad relativa | Agua real |
|---|---|---|---|
| Tarde de verano | 30 °C | 40 % | ≈ 12,1 g/m³ |
| Habitación fresca | 15 °C | 90 % | ≈ 11,5 g/m³ |
El aire «seco» de la tarde lleva más agua que el aire «húmedo» de la habitación fresca. Los números salen de la fórmula de Magnus, que convierte temperatura y porcentaje en gramos por metro cúbico.
Por qué esto arruina el consejo típico de ventilación
«Ventila cuando la humedad esté baja» suena razonable y es un consejo tóxico en verano, porque la humedad relativa toca su mínimo justo a las horas más calurosas de la tarde. Sigues el consejo, abres a las cinco, y metes en casa aire más caliente y con más agua. Es exactamente la trampa del aire seco de la tarde.
La regla honesta compara peras con peras: abre cuando fuera esté más fresco que dentro y el aire de fuera lleve menos gramos de agua por metro cúbico que el de dentro. En el resto de casos, cierra.
Entonces, ¿la humedad relativa no sirve para nada?
Sí sirve, pero para otra cosa. La humedad relativa describe cómo reacciona el aire de una habitación con las cosas que toca: tu piel, la ropa, la madera, los cristales fríos. Por eso el confort interior se suele situar en torno al 40-60 %, y por eso el moho aparece donde la humedad relativa junto a una pared fría se dispara, aunque el aire de la habitación parezca normal.
Dicho corto:
- Humedad absoluta (g/m³): para comparar dos aires y decidir si abres o cierras.
- Humedad relativa (%): para juzgar el confort y el riesgo de condensación dentro de una habitación, junto con la temperatura de las superficies. Ahí entra el punto de rocío.
Un higrómetro barato te da temperatura y porcentaje interiores; el parte te da los de fuera. Con esos cuatro datos, la conversión a gramos es aritmética.
Cómo usarlo mañana mismo
Mira el interior y el exterior a la vez, convierte ambos a g/m³ y compáralos. Si fuera hay menos agua y menos grados, abre de par en par. Si fuera hay más agua, cierra aunque el porcentaje sea bajo: ese aire va a mojar tus paredes. Y si dentro te pasas del 60 % de forma sostenida, el problema no es la calle, es lo que generas dentro; ahí conviene revisar la humedad interior ideal.
Deja que la app vigile por ti
Hacer esa conversión mental cada vez que pasas por delante de una ventana es agotador. Open/Shut la hace sola: convierte el aire de dentro y el de fuera a gramos por metro cúbico y te dice, en una palabra, si abrir o cerrar.